En un salón con seis personas la calidad del aire es nociva a las tres horas

En un salón con seis personas la calidad del aire es nociva a las tres horas

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La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha evidenciado el riesgo que supone la exposición a componentes orgánicos volátiles (COVs) en viviendas, en las que, según diversos estudios científicos, el aire en interiores está de media entre dos y cinco veces más contaminado que en espacios exteriores.

El Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE) ha realizado un estudio que analiza cómo las altas concentraciones de CO2 y COVs en el aire que respiramos en nuestros hogares resultan perjudiciales para la salud. Este análisis consta de un trabajo de campo en el marco de una campaña de medición de la calidad del aire en viviendas de Madrid, que se extenderá por gran parte de nuestro país, gracias su red de 55 colegios territoriales.

Aunque los contaminantes en un edificio son muchos, el nivel de concentración de CO2 se considera el parámetro de referencia para medir la calidad del aire en las distintas estancias. “Mientras que la concentración de CO2 en el exterior normalmente está en torno a los 400 ppm (partes por millón), ésta aumenta exponencialmente en el interior de los edificios”, argumenta Juan López-Asiain, responsable del Gabinete Técnico del CGATE.

Para la mayoría de los expertos, las concentraciones por debajo de 1.000 ppm se pueden considerar como saludables o al menos no dañinas para la salud; una vez superado este umbral, la mala calidad del aire afecta a la salud de las personas, considerándose poco saludable por encima de 1.000 ppm, nociva a partir de 2.500 ppm y grave a partir de 5.000 ppm.

Según los datos obtenidos en las primeras mediciones llevadas a cabo en varias viviendas de Madrid, en donde se han instalado aparatos muy precisos (en el salón y el dormitorio principal) durante un determinado periodo de tiempo, existen estancias sometidas a concentraciones nada recomendables para la salud de sus habitantes.

El CGATE ha realizado, asimismo, una simulación real, en la que, teniendo en cuenta una serie de variables, como la tipología de la vivienda, sus metros cuadrados, el número de ocupantes, la calidad de sus ventanas o el sistema de calefacción empleado, analiza la calidad del aire para una situación concreta como es una celebración familiar o de amigos.

Así, en un salón en el que se encuentran seis personas, si las ventanas están completamente cerradas, se superan las 1.000 ppm de concentración de CO2 en menos de una hora, llegando a límites nocivos para la salud a partir de las tres horas, superando valores de 3.000-5.000 ppm dependiendo del tipo de ventana (3.000 ppm para ventanas antiguas, de aluminio con doble acristalamiento, y 5.000 ppm para aquellas con altas prestaciones).

“La solución se encuentra en mantener de forma permanente una pequeña apertura de la ventana, de manera que no se superan los 1.000 ppm, o abrirla completamente durante cinco o 10 minutos cada hora, consiguiendo niveles por debajo de 700 ppm, y por lo tanto de una calidad de aire excelente”, afirma López-Asiain.

En estas primeras simulaciones en viviendas madrileñas, construidas con anterioridad a 1979, año de la entrada en vigor de la primera norma básica de la edificación, que mide las condiciones térmicas de los edificios, también se ha evaluado la calidad del aire en el dormitorio principal en distintas franjas horarias.

Según el responsable del Gabinete Técnico del CGATE, “durante la noche, mientras el usuario descansa, la concentración de CO2 aumenta de una manera progresiva hasta alcanzar valores superiores a las 4.000 ppm, rango complemente fuera de los valores que se podrían considerar saludables, inferiores a 1.000 ppm. Es decir, este usuario se ve sometido durante sus periodos de descanso a un estrés debido a la mala calidad del aire que pueda afectar a largo plazo a su sistema respiratorio o agravar posibles patologías previas como el asma o alergias respiratorias”.

También en esta simulación se aprecia como esta concentración de CO2 se ve drásticamente disminuida en cuanto el usuario abandona el dormitorio por la mañana y probablemente lo ventila.

Descargar nota de prensa con la información completa en la web de CGATE.